Veamos algunos aspectos comunes a ambos trastornos y lo que hay detrás que nos ayudará a comprender a estos pacientes:

  1. La negación de la enfermedad: una parte mayoritaría de las pacientes lo niega e incluso acude al tratamiento y son hospiatalizadas sin aceptarlo plenamente.
  2. La lucha interna: se suele establecer una lucha entre un “personaje bueno” que habitualmente es solícito, dócil, fuerte, autónomo, es decir, sin problemas y que se ajusta a los cánones de “una chica como debe ser” y un “personaje malo” que puede con ella y que tiene tintes demoníacos, es algo que la aleja no sólo de mejorarse sino de volver a ser la que era. Existe un apariencia sonriente y complaciente y un interior vacío, derruido y desesperanzado.
  3. El temor a crecer: el temor a crecer y desarrollarse afecta a su cuerpo, a su personalidad y a la forma de ir por la vida. Existe un contraste entre esta actitud temerosa y aquella niña que antes de enfermar se “iba a comer el mundo”.
  4. El miedo a engordar: el temor a aumentar de peso puede ser incontrolable y adquirir una dimensión fóbica.
  5. La obsesión por adelgazar: aunque es considerada como consustancial a la anorexia, se da con igual o mayor intensidad en la bulimia.

    Como toda obsesión, quien la padece sabe de alguna forma que su pensamiento es absurdo pero no puede librarse de ellos.
  6. Insatisfacción personal y corporal: esta insatisfacción precede a la enfermedad y buena parte de ellas la da como motivo para iniciar el ayuno y la búsqueda activa de adelgazamiento.
  7. Distorsión de la imagen corporal: se sienten globalmente gordas. Cuando se les pide que dibujen cómo se ven, nos muestran unas imágenes grotescas, casi de circo.
  8. Cambio personal y la pérdida de peso: un discreto sobrepeso se ha transformado en señal de descuido, fealdad, pérdida de autocontrol y baja autoestima. Por contra, “perder unos kilos” es la primera medida para estar mejor y quererse más.
  9. El placer del control y el miedo al descontrol. El deseo del control del peso llevado a extremos lo vemos en pacientes obsesivos que, con sus ideaciones y rituales, parecen poner un cerco a una realidad interior temida, y posiblemente incontrolable. Una parte significativa de estas pacientes tienen una sintomatología obsesivo-compulsiva asociada. El temor a perder este control o descontrolar siempre está presente, la amenaza es la bulimia, pasar de un extremo a otro.
  10. La pérdida de las medidas: a los demás los ven bien pero ellas se siguen viendo “gordas”.
  11. Cosas “extrañas” con las comidas: la búsqueda, el almacenamiento, la conservación, la preparación, la degustación y la deglución de las comidas están alteradas. Se desarrollan un montón de estrategias para hacerse con el control de la alimentación, para paliar los efectos de los atracones o para minimizar la posibilidad de engordar.
  12. Baja autoestima e ideas depresivas. La mayoría de ellas presenta sintomatología depresiva. Contrasta la bajísima autoestima con unas aspiraciones altas. La conjunción de una mala autoapreciación con elevadas expectativas y perfeccionismo es de las mejores recetas para deprimirse.
  13. Falta de estímulos: anhedonia y alexitimia. Para las pacientes anoréxicas, experimentar placer o está prohibido o es una pérdida de tiempo. Para ellas el placer es una tentación o una transgresión a la que se dejan llevar por su falta de voluntad. La conciencia anoréxica es implacable, la de la bulímica tiene agujeros pero ambas chirrían haciéndoles la vida insoportable.

    La alexitimia es la incapacidad o dificultad en expresar con palabras los sentimientos. Tienen grandes problemas para nombrar y reconocer sus propias sensaciones y emociones e incluso en las de los demás.

    La suma de ambos factores deja al individuo sin guía para discernir aquello que le gusta, lo que siente y lo que quiere.
  14. La búsqueda de la perfección: la búsqueda de la perfección no se limita al cuerpo y se extiende a otros dominios. Da la impresión que fueron programadas en la infancia para satisfacer a sus mayores y a la gente y, que durante años el experimento funcionó hasta llegar a la pubertad y la adolescencia. El perfeccionismo es un excelente mecanismo para hacerse más obsesiva y una vía directa para deprimirse más.
  15. No quiero ser como mamá: si antes de los diez años las chicas tienen a sus madres como una de las figuras de identificación más buscadas, es normal que en la adolescencia esta situación se invierta en un esfuerzo por diferenciarse. Este fenómeno, que tiende a resolverse al inicio de la edad adulta cuando la joven se da cuenta que tienen muchas cosas de su madre y no todas tan malas, se trastoca en las enfermedades de la adolescencia.

    Por una parte, se las estimula a prepararse para el futuro y por otra, se les pide que sean las mismas que cuando eran pequeñas.
  16. Activación de procesos de odio hacia la madre o el padre: la persona con anorexia nerviosa o bulimia nerviosa de desvía de su camino o desarrollo en la adolescencia. La incapacidad para alimentarse no es justamente una fuente de autonomía. La chica se pega a su madre mientras protesta que no la deja en paz; la invade mientras se deja invadir. La extrema dependencia genera odios inconfesables pero fácilmente observables.
  17. El aislamiento social: la paciente termina apartándose de su generación, a veces de forma irreparable, perdiendo no sólo sus amigas sino también las claves de comunicación interpares.
  18. Dificultad para pensar y aprender: el pensamiento y el aprendizaje está alterado sobre todo el aprendizaje que se desarrolla de la experiencia.