¿Cuáles son los conflictos más habituales en la pareja?

Las principales áres de conflicto que afectan a la pareja son:

El poder y la toma de decisiones

La división de la responsabilidad debe ser subjetivamente equitativa, es decir, debe ser satisfactoria para ambos miembros. Nos referimos a quien se encarga de hacer las cosas y quien decide lo que hay que hacer. Estas decisiones abarcan aspectos tan fundamentales como: el reparto de las tareas del hogar, el cuidado y mantenimiento del coche, el pago de las facturas, el cuidado de los hijos, las relaciones sociales, etc.

Una de las características de las parejas armoniosas es que regulan las diferentes conductas instrumentales (es decir, los roles, las obligaciones y las responsabilidades) según unos criterios flexibles que les permiten el cambio de papeles y la adaptación continua a las nuevas circunstancias.

La intimidad

La intimidad se construye con una separación de la familia de origen, dando prioridad al otro en la autorrevelación y en la toma de decisiones. Por eso uno de los temas más conflictivos se da en las relaciones con la familia de origen.

La pasión, el afecto, la sexualidad

El amor va sustituyendo al enamoramiento, la pasión inicial va dando paso a la intimidad y al cariño, pero no por eso se puede perder la atracción que se siente por el otro como objeto y sujeto sexual.

Comunicación

Las investigaciones parecen dejar claro que la diferencia fundamental entre una pareja feliz y una conflictiva es que en la primera el mensaje es interpretado por el receptor adecuadamente, esto es, según la intención del emisor; mientras que en la pareja conflictiva se produce un desajuste en la interpretación de los mensajes.

Las parejas conflictivas son especialmente deficitarias en las habilidades de comunicación y de solución de problemas.

Contrariamente a lo que la creencia popular nos puede hacer creer, las habilidades de comunicación y de solución de problemas no son algo innato en las personas sino el resultado de un proceso de aprendizaje complejo, el cual suele dejarse en manos del azar.

Veamos, a modo de ejemplo, algunos errores más comunes a la hora de comunicarnos en pareja:

  1. Verdad. Se empeña en que tiene razón y en que la otra persona está equivocada.
  2. Inculpación. Da a entender que el problema es todo por culpa de la otra persona.
  3. Defensividad. Debate negándose a aceptar ningún defecto o falta por su parte
  4. Martirio. Afirma que es victima inocente de la tiranía de la otra persona.
  5. Desprecio. Emplea un lenguaje brusco o hiriente, intentando hacer que la otra persona se sienta inferior o avergonzada.
  6. Etiquetas. Califica a la otra persona de “imbécil”, de “fracasada” o de algo peor.
  7. Sarcasmo. Su actitud, sus palabras y su tono de vos son despreciativos o condescendientes.
  8. Contraataque. Responde a las críticas con críticas.
  9. Chivo expiatorio. Da a entender que la otra persona es defectuosa o inadecuada
  10. Desvío. Cambia de tema o enumera quejas antiguas.
  11. Autoinculpación. Se comporta como si fuera muy malo y desastroso, para evitar que la otra persona le critique.
  12. Desesperanza. Afirma que lo ha probado todo pero que nada le da resultado.
  13. Exigencia. Se queja de que la otra persona “debería” ser tal como Vd. espera que sea.
  14. Negación. Niega su papel en el problema, o se empeña en que no se siente disgustado cuando, en realidad, sí se siente así.
  15. Ayuda. En vez de escuchar, se pone a dar consejo o a “ayudar”.
  16. Resolución de problemas. Hace caso omiso de los sentimientos de la otra persona e intenta, en cambio, resolver su problema.
  17. Agresión pasiva. Se calla, pone mala cara o da portazos.
  18. Lectura del pensamiento. Espera que la otra persona sepa lo que Vd. siente, sin tener que decírselo.

¿Es el divorcio una solución a los conflictos?

Depende de la pareja de la que estemos hablando. Se ha comprobado que el divorcio y la separación no arreglan nada porque dejan a las partes en situación de cometer los mismos errores, es decir, los que se divorcian y se casan de nuevo se vuelven a divorciar con más probabilidad que los que se casan por primera vez.

Las personas no maduran porque fracasan, sino en función de cómo se asimilan los fracasos. Por eso, la principal habilidad para superar los problemas de pareja consiste en convertir la experiencia en un aprendizaje vital que nos capacite para evitar, en el futuro, errores similares a los cometidos en el pasado.