La exposición sistemática del paciente a las situaciones evitadas es la base del tratamiento de la fobia social. Estas exposiciones deben hacerse en un ambiente seguro, en presencia de los terapeutas y estando la persona entrenada para no evitar la ansiedad.

Para ello, es necesario primeramente asegurarse que la persona ha adquirido las habilidades sociales necesarias.

Cuando hablamos de habilidades sociales, nos referimos a habilidades de comunicación tales como:

  • Iniciar y mantener conversaciones
  • Hablar en público
  • Expresión de agrado, amor y afecto
  • Ser capaz de defender los propios derechos
  • Ser capaz de pedir favores
  • Rechazar peticiones
  • Hacer cumplidos y aceptarlos
  • Expresar opiniones personales incluso cuando no se está de acuerdo
  • Expresión justificada de molestia, desagrado o enfado
  • Disculparse y admitir ignoracia
  • Pedir a los demás cambios de conducta
  • Ser capaz de realizar criticas y de recibirlas

La exposición se potencia con la re-estructuración cognitiva que ayuda a interrumpir pensamientos negativistas previos, de fracaso o de humillación, aumentando así la posibilidad de tener experiencias satisfactorias con la exposición y reducir la tendencia a establecer metas perfeccionistas y a minusvalorar los logros terapeúticos.