Cuando la relación empieza a deteriorarse y se piensa seriamente que no se aguanta más y no se ve salida, es el momento de plantearse la posibilidad de que alguien ajeno y profesional pueda echar una mano.

La posibilidad de la separación está siempre ahí, se puede ejercitar en cualquier momento,  aunque debe ser la última opción a considerar cuando ya se han agotado otros caminos como la opción de una terapia de pareja.

La terapia de pareja sirve tanto para solucionar los conflictos existentes en la pareja de manera que ésta evoluciona y madura,   como para, llegado un punto en el que los dos miembros de la pareja deciden no continuar con el proyecto en común, separase de una manera civilizada sin añadir más sufrimiento del necesario a una decisión que  ya de por si resulta dolorosa. Como vemos, la terapia de pareja puede ayudar también  a separarse de una forma madura, sin hacerse daño mutuamente, aprendiendo a hacer concesiones y a negociar con el otro.

La terapia de pareja es cosa de dos y normalmente es uno el que da la voz da alarma y el otro, al menos, tiene que estar dispuesto a colaborar. Si no es así, el que ve el problema puede acudir al profesional, que podrá ayudar aunque, lógicamente, con menos capacidad de maniobra.

A la hora de acudir a la terapia, lo hacen más fácilmente las mujeres, porque tienen una formación mucho mayor para compartir sus sentimientos y emociones y también para pedir ayuda. Sin embargo, una vez iniciada la terapia, cuando se rompen las primeras barreras, el hombre está tan interesado como la mujer, de hecho la dependencia emocional del hombre hacia su pareja suele ser mucho más grande que la de la mujer.